miércoles, 14 de octubre de 2020

 CINE TEATRO GRAN SIERRAS:

ESPACIO DE CONSTRUCCIÓN DE IDENTIDADES

La FUNDACIÓN DE HISTORIA Y PATRIMONIO NATURAL DE TANTI ha ofrecido a lo largo de varias semanas un CICLO INFORMATIVO con relatos y fotos del pasado de nuestra localidad con la finalidad de recopilar desde la narración escrita y los testimonios de vecinos y turistas, la historia de nuestro pueblo. El mismo finaliza esta semana con la segunda parte de la historia del “Cine Teatro Gran Sierras”, una construcción más que significativa para Tanti.


La Arquitecta Urbanista Mgster Carolina Dardi llevó a cabo la búsqueda de la información y los informantes, articulando el informe en dos entregas.
La primera de ellas desde una perspectiva más bien arquitectónica y cultural, (
https://www.facebook.com/Junta-de-Historia-y-Patrimonio-Natural-de-Tanti-1146613955435495
), mientras que en la segunda publicación me sumo a su trabajo con una reflexión final de rescate de su valor simbólico social del Cine Teatro en su rol de haber sido un espacio de construcción de identidades individuales y colectivas.
El edificio fue construido en 1951 por el Dr. Atilio Vuotto, con una arquitectura y calidad de servicios que sobresalían en el Valle de Punilla.




Su funcionamiento como sala de cine acaparó todas las miradas de la gente local y de los turistas de la época. El Cine, en su momento de auge como medio de comunicación y expresión artística, se convirtió en el espacio de encuentro social cultural por excelencia de los habitantes de la región.


Se desprende de la crónica del primer informe que la sala tuvo sus momentos de esplendor en manos privadas, otra etapa subsiguiente de haber sido adquirido por la Municipalidad local, que incluye el advenimiento de muchos años de decadencia. Y finalmente, en la década del ´80 la reactivación del servicio por parte de un particular, el vecino Gustavo Villa hasta el inicio de los ´90 cuando tuvo que cerrarla e invertir en otros espacios culturales.
A partir de entonces, desembarcaron con mucha virulencia en nuestro país las políticas neoliberales con un impacto de tal magnitud y profundidad económica y social que repercutieron directamente en los consumos culturales. Entre ellos, los edificios de las salas de cine, teatros o colegios memorables empezaban a ofertarse al mejor postor para la apertura de shopping centers o supermercados. Más precisamente en Tanti ninguna de las dos formas de reemplazo utilitario se concretaron pero a cambio recaló el abandono deliberado y arbitrario que fagocitaron casi cuarenta años de historia.
Con una modalidad despreocupada, en la década de los ´90 un gran tabique de madera ocultó todo el interior del edifico: las butacas, el escenario, la pantalla, el cortinado, las luminarias, el decorado…la acústica y el alma de la gran sala.
El hall de ingreso se convirtió en un burocrático mostrador de atención municipal y hacia el costado, una estrecha escalera de acceso al proyector también quedó clausurada.
Todo se cubrió de silencio y oscuridad. Contra el tabique sólo resonaba el eco de nuestra pregunta de cuál sería el estado de lo que allí quedaba ocultado.
Y aquí viene mi recuerdo particular de lo que sentí el día que con Irene Busquier de Duval – cámara en mano-nos infiltramos por esa estrecha escalera hasta desembocar de lleno en la sala del proyector.
Fue tanto el espanto con el que nos encontramos, que mis cinco sentidos no alcanzaban a dimensionar la tragedia en la que habían abandonado a nuestro cine.



Bien podría narrarlo en clave de guión, con momentos de suspenso y visiones dignas de los efectos especiales, cual la narrativa de autoficción, repleto de miradas subjetivas y sentimientos personales de decepción, angustia y desamparo. El gran proyector se había quedado sin luz. Justo el lugar desde donde se disparaba la magia, la fantasía, el mundo, los sueños…los mitos de las historias y las historias que se hacían realidad en una gran pantalla.
Los recuerdos aparecieron de repente, a medida que despejábamos el camino tapado de telas de arañas y escombros, muebles amontonados, olor a encierro y humedad, entre otras barbaridades.
Sin pensarlo, vino a mi mente la música de “Cinema Paradiso”, ese inolvidable film italiano que se convirtió en una dulce declaración de amor por el cine. El Cine Teatro Gran Sierras atesoraba recuerdos muy vivos de mi adolescencia: las películas de estreno, las juntadas con amigos, los eventos sociales entre vecinos, mi cámara acompañando la diversión de los actores locales de “Humor en Grupo”, los festivales de danzas de tantas generaciones, la entrega de diplomas del final del secundario…
De pronto me pareció ver a “Indiana Jones” con su látigo y sombrero en mano con sus “Cazadores del Arca Perdida”. También sobrevoló por momentos el sonido de los aviones de “Top Gun” con Tom Cruise o de “Reto al Destino”, películas que vimos una y otra vez hasta que una nueva se instalaba en la Cartelera.

Me asomé para ver las butacas pero casi estaban en ruinas cubiertas de todo tipo de residuos acumulados. Ante tanta tristeza, busqué rescatar con la memoria a mi favorito de la pantalla, “ET”, el famoso extraterrestre que tomaba la bicicleta y se marchaba volando, llevando consigo a todos sus amigos hacia una aventura de diversión…Todas esas imágenes se desvanecieron como un viejo telón olvidado y maltratado al encontrar entre mis zapatos un rollo típico de los proyectores de entonces. En él sólo se transparentaba la sentencia “THE END”. Lo tomé entre mis manos y lo acerqué al corazón que parecía había dejado de latir.


Todo quedó registrado. Nos marchamos del lugar así como habíamos ingresado. Pero afortunadamente la historia tiene un final feliz. El gobierno municipal que le sucedió a esta etapa tomó la decisión de gestión de recuperar nuestro Cine, para dar lugar al actual Centro Cultural Tanti.





Los trabajos de recuperación comenzaron en diciembre de 2003. Fue la primera acción que la Junta prevista en Ordenanza Municipal ( N° 082/01 “Rescate, Resguardo y Protección del Patrimonio Integral”, en la gestión de Alejandro Pérez Baroni se realizó bajo el seguimiento del Ing. Víctor Pérez.





Y volvieron las clases de teatro con Giselle Faiella, resonaron nuevamente los Coros de Tanti, la música del TEM, los pintores locales, los talleres de escritura, las Danzas, los telares, el Club de Abuelos, los eventos deportivos, entre otros, el cine en pantalla reducida…pero cine al fin…tratando de no olvidar a los cuatro cuadros originales que daban la bienvenida en la entrada, Marilyn Monroe, Clark Gable, un Sandro muy joven y tantos más.
A esta altura del relato, mi remate busca ser taquillero, que se venda como un boleto directo a la Historia de Tanti, sobre la importancia de la gestión sobre políticas de Conservación o puesta en valor de nuestros Bienes Patrimoniales, tangibles e intangibles, como sello de la mismísima identidad de cada uno de nosotros y de la construcción de una IDENTIDAD en comunidad.

THE END.

Lic. Ana Claudia Simes

Fotos actuales: Arq. Carolina Dardi para Archivo Junta de Historia de Tanti
Fotos: Solar de Piedra de Alejandro Nuesch
Foto: Archivo Tanti Turismo
Imágenes del trabajo de recuperación: Captura de Pantalla del Video Documental de Obra de Recuperación del Cine: Alejandro Pérez Baroni – Edición Luis Tórtolo

lunes, 14 de septiembre de 2020

 LAS CASONAS DE TANTI :

LEGADO DE IDENTIDAD DE HISTORIAS COMPARTIDAS

En pleno centro de la localidad de Tanti, en la intersección de Avenida San Martín y Santiago del Estero, encontramos un “fragmento arquitectónico”(1), en el sentido de “una unidad morfológica integrada por tres o más inmuebles”, conjunto de viviendas privadas que poseen rasgos tipológicos y arquitectónicos similares, cuya construcciones datan de fin del siglo XIX o principio del XX. Las casonas a las que me refiero son: “La Irene”, la “Casa Asturiana o Colonia El Parque”, “La Malisa”, entre otras.


CONTEXTO HISTÓRICO DE CONSTRUCCIÓN
Tanti comenzaba a perfilarse como un destino muy propicio para el establecimiento de familias de inmigrantes que buscaban asentar sus comercios en una región que prometía desarrollo inminente. Se trataba de un lugar de tránsito interregional, próximo a las rutas de los caminos reales con capillas, estancias y postas de los viajeros de entonces. Al mismo tiempo, el pueblo se consolidaba como una villa turística, en una mixtura cultural entre antiguos o nuevos residentes y los veraneantes estacionales, todos aportando variedades étnicas, culturales, linguísticas y raciales, valores tangibles e intangibles ligados a sus costumbres de origen. El buen clima, la tranquilidad y naturaleza fueron las características principales que tentaban a una nueva clase burguesa de la mitad del período republicano, a construir sus moradas de vacaciones - bien atractivas- rodeadas de jardines, para el descanso en medio del paisaje serrano.

“LA IRENE”
En esta publicación en particular, voy a extender los detalles de la casona “La Irene”, ya que sus dueños originales fueron la familia Rodriguez Simes, oriundos de Córdoba Capital, ligados a mi bisabuelo libanés, Felipe Kamar, ( el padre de mi abuela Genoveva de Simes ). Él era carpintero, su taller de trabajo estaba ubicado en la calle Buenos Aires 346 de la ciudad de Córdoba y fue quien realizó los trabajos de madera para el interior de esta casa en Tanti.
Hacia la década del ´30, los Rodríguez Simes vendieron la vistosa casona al Dr. Santiago Bottaro, de Buenos Aires, quien la denominó “La Irene”, en honor a su esposa, la Sra. Irene Castilla de Bottaro.



Tanto mi abuelo Yalil como mi padre Jorge Simes ( Coki ) y mi mamá, Ana de Simes, siempre han recordado a esta amigable familia de visitantes y nuevos dueños de la casa: “Los Bottaro venían cada verano en un automóvil Buick modelo ´36, color azul marino, eran muy agradables personas, al punto que entablaron una relación de cartas y postales a través de los años”, recuerdan Ana y Coki.


“La casa tenía algo muy particular para las primeras décadas del siglo XX: una antena pararrayos como defensa ante las fuertes tormentas y el suministro de agua se tomaba con caños y dos motores desde el Arroyo Tanti”.




Por otro lado, la nieta del Dr. Bottaro, la Sra. Luz Bottaro, desde Buenos Aires, supo transmitirme de manera impecable la memoria, el cariño y la nostalgia de sus seres queridos disfrutando de Tanti: “Mi abuelo Santiago le compró esa casa con mucho amor para mi abuela Irene. Disfrutaban muchos meses ahí, él le dedicaba mucho amor, poniéndole carteles, plantando árboles, armando casas para los pajaritos, pintando cuadros. Era su reducto de Paz y Amor. Mis padres y nosotros también la disfrutamos y los mejores recuerdos de mi vida los tengo en ese lugar. La casa para mí era como e1 paraíso, lleno de misterios y de amor. A la casa le imprimieron un estilo de decoración morisca, mosaicos y detalles de época en el amplio jardín con estatuas. En la torre estudiaba mi padre, el Dr. Carlos Bottaro, gran y reconocido médico y pediatra. Yo me encerraba o me encerraban a estudiar para mis exámenes de Marzo…¡ Vivía en otro hemisferio!, así me lo describió Luz a través del teléfono, con gran emoción en su voz.



Según sus comentarios, ella pasó en esa casa de Tanti los mejores años de su vida: asados, peñas, caballos, salidas nocturnas a caballo con luna llena, caminatas, los amigos cordobeses, rosarinos y porteños. Sin lugar a dudas, la nieta del Dr. Bottaro tiene grabados en sus cinco sentidos las características de los muebles:” la mesa del comedor era un sueño, las camas grandes, los placards, el olor a madera, la cocina a leña. Los botellones para el agua de vertiente, los faroles…todo era tan telúrico y mágico!”, me apuntó con mucha añoranza.
“Cruzar esos vados con el ruido de los cascos de los caballos. El olor a lluvia y la recolección de los sapitos de color con mi hermano. Mis idas en camioneta con Coco Saad y sus hijos, las ricas colaciones hechas con tanto amor ( Fábrica de Alfajores Saad y Simes ). Las campanas de la casa que sonaban cada vez que pasaba alguien por ahí. Las vírgenes construidas por mi abuelo con piedras. En la torre, un gato en el techo que todavía se conserva. Todo huele, se siente de una manera imposible de explicar”. Con estas palabras cerramos temporalmente la conversación a la distancia con Luz Bottaro, recordando que la casona fue vendida a la familia Argibay Molina de Buenos Aires.

LAS OTRAS CASONAS DE LA CALLE SANTIAGO DEL ESTERO
Antes de finalizar, haré aquí una breve mención a las otras casonas de la calle Santiago del Estero que conforman el “fragmento arquitectónico” con similitudes de estilo y época de construcción. A pocos metros de “La Irene”, se conserva una bella casona del 1900, construída por una familia asturiana y vendida en 1957 a la Federación Vial de Santa Fe para transformarse en la Colonia “El Parque”, hoy Hotel Vial “4 de Abril”.



De igual modo se destaca la casa “La Malisa”, de la familia Flores, donde ha vivido hasta hace unos años atrás la amable Sra. Ileana de Flores, cuyo aljibe y fachada decoran la esquina del ingreso al Barrio Villa Alpina.


Allí mismo se luce también la arquitectura de la vivienda de la familia Morcillo Suárez, con un parque amplio y estilo de época.


Por último, no puedo dejar de mencionar la presencia de la vivienda “Las Marianitas”, con terreno hacia calles Santiago del Estero y Chaco. Es una vivienda edificada en 1940 y comprada inmediatamente por el Sr. Juan Schiaffino, una familia de Buenos Aires que le realizó ampliaciones, parquización, terrazas con frutales, pinos, tuyas y paraísos.


Sus propietarios de siempre continúan teniendo a esta casa como lugar de vacaciones.


Es un chalet de los que comenzaron a ponerse de moda hacia mediados del siglo pasado, cuando los cambios sociales en el turismo permitieron la llegada de un sinnúmero de turistas que planificaron sus chalets en diferentes tamaños y tipologías, pero todos marcando lo que sería un perfil arquitectónico de Tanti, un legado de identidad urbana, una memoria social recopilada desde las historias compartidas entre los lugareños y los visitantes de todas las épocas.

Lic. Ana Claudia Simes - Tanti - 2020

-Agradecimientos por fotos y relatos: Jorge ( Coki ) Simes / Ana María Bobatto de Simes / Luz Bottaro / Roberto Schiaffino.
(1) Fragmentos: Unidades morfológicas integrada por tres o mas inmuebles ( o su equivalente en metros lineales no inferior a 25 mts sobre la línea oficial ). Poseen composición, rasgos tipológicos y/o arquitectónicos similares.
Curso de Patrimonio Arquitectónico Argentino. Clase N° 12. Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos. 2020.

sábado, 15 de agosto de 2020

Todo pasa.

La pandemia también será superada.

Y nuestras palabras serán un recuerdo.

Lo que sentía en marzo 2020:

"Redimir al otoño"

Marzo había comenzado con buen tiempo en las Sierras de Córdoba pero las noticias de la Pandemia del virus Covid 19 recrudecieron la realidad a nivel planetario.
Cuarentena estricta en la Tierra.
Conmoción, incertidumbre, miedo y prevención pasaron a ser nuestros parámetros de lo diario.
“Nos quedamos en casa”, fue el imperativo.
Pasaron los días y así, el 21 de Marzo fue una fecha inadvertida. Pocos de nosotros recordamos que habíamos cambiado de estación… el tiempo se había borrado, el afuera había quedado vacío. La vida pública sólo se tecleaba.
El silencio externo comenzó a hacerme ruido interno.
Ya había llegado Abril y el otoño parecía haber quedado cautivo, nadie lo mencionaba ni podía fotografiarlo. Fue entonces que salí a su encuentro, me senté bajo el árbol más bonito de mi patio, busqué las ramas que ya atestiguaban su llegada.





Tomé un fibrón, de aquel casi olvidado o reemplazado por el formato de negrita de la computadora, abrí mi anotador de bolsillo y me propuse recuperar al tiempo, el cual había sido capturado por la cuarentena. Con mi pulso y mi manuscrita me propuse redimir al otoño, retenerle su ámbar, liberar sus silbidos y atesorar sus hojas. Mis letras me devolvieron al otoño, como el mejor cable a tierra en mi casa, que se volvió el mundo.
La pandemia nos arrebató los espacios y el tiempo.
Las calles dejaron de ser nuestras.
Pero redimí al otoño -por siempre- entre mis letras…


Ana Claudia.
Abril 2020

martes, 21 de julio de 2020


EL TURISMO SOCIAL Y LAS COLONIAS DE VACACIONES:
patrimonio social argentino.
Lic. Ana Claudia Simes
( Escrito para la Junta de Historia y Patrimonio Natural de Tanti )

Comunicar la historia es fomentar una memoria colectiva que nos brinde identidad. Hoy busco compartir con ustedes un breve recuerdo de cómo se fue construyendo en nuestro país un patrimonio social y turístico digno de valorar: las colonias de vacaciones.
Hacia fin de siglo XIX y principios del XX, sólo los viajeros de una clase social con ciertos privilegios económicos eran los visitantes que gozaban de vacaciones en sus casas de veraneo o incipientes hoteles  rodeados de comodidades y roces sociales de la época, tanto en la costa de Buenos Aires como en nuestras Sierras cordobesas. En esos años, uno de los avances más significativos en materia de legislación para el desarrollo del turismo fue la creación de la Dirección Provincial de Turismo en 1938, que tenía como fin emprender diversas acciones, todas ellas ligadas a la organización y el fomento del sector. Esto dio lugar a nuevas formas de prácticas turísticas a partir de las nuevas políticas estatales al respecto ( líneas férreas, asfalto de rutas, estaciones de ómnibus… ). En este sentido, posteriormente, los  cambios en la legislación laboral durante la década del 40 fueron la base del fomento de las vacaciones cada vez más populares en la República Argentina. El veraneo dejó de ser un privilegio de sólo una clase para avanzar en un derecho de todos los trabajadores, eso que los historiadores llaman el Turismo Social.
“El turismo social debe entenderse como una modalidad del turismo donde se brinde a los usuarios un momento de plenitud de vida, que contribuya a la afirmación de los valores vinculados a la cultura y la espiritualidad, para que propicie la transición hacia un mundo más racional y solidario”… (1)
Fue el Estado Nacional de esa década el que planificó la llegada de una nueva modalidad de turismo en Argentina: “La primera norma jurídica que puso en marcha los programas de turismo social fue el Decreto 33.302 de 1945 que creó el Instituto Nacional de las Remuneraciones, implantó el “salario vital mínimo” y el “salario básico” y dispuso la obligatoriedad del pago del sueldo anual complementario del que recaudaba el 3% con destino al financiamiento de planes de turismo social”(2)
 En esta expansión del rol del Estado en el ámbito de la dinámica entre el tiempo de trabajo y de ocio, las leyes y decretos habilitaron el surgimiento y/o crecimiento de los sindicatos, los cuales comenzaron a invertir en el denominado turismo social. Así llegaron a los destinos turísticos las COLONIAS DE VACACIONES.
Antes de la mitad del siglo XX, surgió entonces una nueva modalidad de turismo: el de las clases populares  trabajadoras, asalariados de una pujante industria nacional. El Estado Nacional invirtió en hoteles, caminos y propaganda, en la búsqueda de que la actividad dejara de ser una exclusividad de las elites y se convirtiera en un acto de democratización del turismo.





Se puede decir que la meca del Turismo Social en Argentina fue la Colonia de Chapadmalal, en la cual se recibía gente proveniente de todos los rincones del país, la cual ha quedado parcialmente en ruinas y el abandono debido a políticas desinteresadas en su desarrollo.  En la Provincia de Córdoba –y corriendo la misma suerte- se puede mencionar a los Hoteles de Embalse en Calamuchita. Y en el Valle de Punilla también las colonias de vacaciones tienen mucha historia que contar, edificios que conformaron unidades turísticas y productivas, con mucha mano de obra local, generando trabajo y dando dinamismo económico de tipo regional. Por la dimensión de su arquitectura y por el objetivo de representar una conquista social para el pueblo argentino, las colonias de vacaciones son un verdadero PATRIMONIO turístico, edilicio arquitectónico, cultural y social de nuestro país, colmado de historias que tejieron la trama del territorio nacional o provincial.


Bibliografía:
(1)(2)“100 Años de Turismo Argentino”. Primera edición Abril de 2008 Autores Varios Compilador: Lic. Alejandro E. Lara Producción: Lic. Martín D. Murcia Diseño Proia (c) Editorial Proia. Buenos Aires Argentina. Pág.75


martes, 14 de julio de 2020


EL REGISTRO DE LAS EPIDEMIAS 

POR EL CAMINO REAL

Lic. Ana Claudia Simes. Tanti. Córdoba. 2020.

( Escrito para la Junta de Historia y Patrimonio Natural de Tanti )

Transmitir y comunicar los hechos del pasado tienen un rol tan importante como asignar al legado histórico y su patrimonio una función de memoria y conocimiento en la vida actual y colectiva. Por ello, nunca tan oportuno es dar una mirada al registro de las epidemias de la época colonial en América ( más precisamente Córdoba ) y su relación obligada con Buenos Aires y ésta con el Viejo Mundo. Un puerto en Buenos Aires a mar abierto, barcos con tripulantes muchas veces afiebrados, falta de higiene, mala alimentación, sequías prolongadas o tremendas inundaciones propiciaban las enfermedades que solían confundirse en el imaginario social con castigos divinos. Si bien las distancias entre los poblados ayudaba a desalentar los contagios, era el traslado de mercaderías y personas desde el puerto por los caminos del interior del Virreinato las que desparramaban las pestes.
“Los puertos fluviales y el llamado Camino Real –que conectaba las principales ciudades- eran útiles al transporte de mercancías y personas, pero también vehículos para diseminar enfermedades”(1).
Josefina Piana, Dra en Historia, agrega al respecto (2): “En el Colegio Máximo y las Estancias Jesuitas de Córdoba, los hermanos estaban atentos a enfermedades y epidemias.” Según los datos ofrecidos, el Colegio Máximo contaba con una Botica y Enfermería y en las Estancias del Interior de Córdoba estaban los “Barberos”, instruídos por los boticarios para realizar las curaciones y cuarentenas. Según consta en los archivos, se utilizaba pólvora para cauterizar las heridas, tenían balanzas, morteros y frascos. Se tienen datos de las epidemias de 1720, 1735, 1745 y 1755, que al menos duraron dos años. “Eran epidemias que ingresaban por el Puerto de Buenos Aires -indica Piana- y se transmitían por los caminos de los intercambios de bienes y personas y se expandían por las Misiones y Estancias”. En ocasión de epidemia, el azufre era utilizado como antiséptico y para purificar ambientes. Había gallinas y huevos para los enfermos y gran cantidad de lienzo para los entierros…



Son variados los registros de las epidemias ocurridas en la zona de tránsito que constituía a nuestra región, entre ellos, los historiadores han recurrido a “Las Cartas Anuas” -informes al General de la Orden Jesuítica- que relataban la labor desarrollada tanto en las misiones guaraníticas como en los colegios y estancias. También son valiosos los informes oficiales, civiles o eclesiásticos, memoriales, solicitudes a la corona.



Cabe citar como ejemplo,  la “Peste Grande” con origen en la ciudad de Buenos Aires entre 1717 y 1719.  Las Anuas reafirman la presencia de la epidemia en Córdoba para el año 1718: “Vamos a hablar ahora del año de 1718, el cual ha sido por su mitad muy triste para los habitantes de la ciudad y sus alrededores por los estragos de la peste”(3). Allí se informa al General de la Orden que murieron en la ciudad dos sacerdotes -en julio y agosto de ese año- y un hermano coadjutor falleció en noviembre, cuando “fue enviado a socorro de los indios y morenos de servicio en nuestra estancia de Santa Catalina”….“la peste ha causado aquí atroces estragos hasta 300 millas a la redonda y se ha llevado muchos miles de personas” y agregaba que sólo la Compañía había perdido 325 esclavos” . Los informes enviados por los jesuitas también mencionan que la epidemia se habría extendido a Santiago del Estero, donde murieron tres miembros de la Compañía. La enfermedad avanzó aún más, tal como consta en el informe del gobernador del Tucumán al Rey, donde al pasar se refiere a ella diciendo “la epidemia que padecen estas provincias por castigo de nuestras culpas”. Habría llegado también a Tarija y a las misiones de Chiquitos, según consta por la muerte de misioneros debidas a “la peste que hubo en aquellas provincias” .
Los contagios no respetaban ningún orden social, pero en general morían los más vulnerables, entre ellos los negros esclavos e indios en servicio…
No sé ustedes, pero en lo personal, repasar la historia siempre me da la sensación de estar hablando del presente, al menos en los grandes trazos que son los que pudieran volver a reproducirse…




Bibliografía:
(1)    Frías, Susana R., Montserrat, María Inés. “Pestes y muerte en el Río de la Plata y Tucumán (1700-1750)” [en línea], Temas de Historia Argentina y Americana 25 (2017). Disponible en: http://bibliotecadigital.uca.edu.ar/repositorio/revistas/pestes-rio-de-la-plata-tucuman.pdf
Pág. 32
(2)    PIANA, Josefina. Dra. en Historia( UNC ). Curso Patrimonio Histórico Argentino. ( Periodo Colonial ) Clase 3. https://www.youtube.com/watch?v=vLvbRR9bw74&list=PL-3RziZ0N95D6hdETmZsrMG-X9jjGbsl0&index=4&t=0s
(3)    Pág. 44



martes, 7 de julio de 2020


COMUNICAR PARA “PONER EN COMÚN”

Lic. Ana Claudia Simes
Para la Junta de Historia y patrimonio Natural de Tanti


La palabra comunicación procede del latín “communicare” y significa “COMPARTIR, PONER EN COMÚN”.  Partiendo de la idea de que TODO COMUNICA, que la NO comunicación es impensada y que a través del proceso de la comunicación fluye la energía de los seres vivos en su producción y su entorno, les propongo en este primer contacto, busquemos  en Tanti ( nuestro territorio común ), algún signo comunicacional, un elemento o una memoria que nos una en comunidad.
No está de más repasar el concepto y devenir de la comunicación, que nació con el ser humano, como una capacidad innata, natural, propia de la especie y ha evolucionado con ella al ritmo de los distintos períodos históricos. Pensamientos, sentimientos, necesidades e ideas han sido transmitidos  desde los primitivos a través del lenguaje de los sonidos, la voz, lo visual ( gestos y acciones ), uso de las imágenes en representación del entorno ( arte rupestre )…
A partir del surgimiento de las civilizaciones, los grupos humanos comenzaron a intercambiar información utilizando sistemas de escrituras usando el alfabeto ( símbolos e ideogramas en papiros y pergaminos ).  Las antorchas en tiempos de guerra, mensajeros de a pie,  señales de humo, palomas mensajeras…
El papel y la imprenta abrieron el camino de la comunicación masiva, luego fueron surgiendo el telégrafo, el correo, el teléfono, la radio, la fotografía, el cine, la televisión, computadores, procesadores, mini computadores, chips de memoria, satélites, internet, señales digitales llevando los contenidos a toda velocidad, a todos lados, de manera simultánea, con retroalimentación constante…
Pero la comunicación va más allá de la transmisión de la información a través de las diferentes tecnologías disponibles o de los diferentes canales  reunidos en códigos.  La comunicación está en todas las esferas de las relaciones humanas: vínculos personales o comunitarios, mediados por una CULTURA que amalgama las formas, los modos, los tiempos,  los espacios  y los roles sociales de la transmisión de emociones o saberes, costumbres y tradiciones compartidas.
Todas las disciplinas humanas van dejando su legado COMUNICANDO, es decir,  CREANDO VÍNCULOS. La historia, la arquitectura, las artes, los oficios, las creencias, las ciencias comunican todo el tiempo y nos CONECTAN en sociedad,  reuniendo a los humanos entre si, en redes infinitas logrando socializarnos como necesidad primaria.
 El Patrimonio Histórico cultural de una comunidad contiene entre sus muros millones de voces, de manos, de acciones, de mensajes que merecen ser constantemente decodificados, recordados, valorados y cuidados, al igual que su entorno natural, el Patrimonio Ambiental, que es  aquel que nos preserva como especie y nos otorga el espacio más saludable para “PONER EN COMÚN” el destino de una comunidad.
Entonces, veo muy oportuno señalar algunos signos, huellas que los originarios de la zona de las Sierras de Córdoba nos dejaron como MENSAJES petrificados, imborrables de nuestra historia en común: morteros y conanas sobre el arroyo Tanti, una expresión de una comunidad que hace unos siglos atrás compartía los mismos espacios que ahora recorremos a diario en nuestra localidad. SIMBOLOS que evidentemente NO PUEDEN DEJAR DE COMUNICAR una historia en común.





domingo, 3 de mayo de 2020

La PLAZA pública...desPLAZADA!!
La PLAZA PÚBLICA ha sido el espacio de reunión por excelencia a través de los tiempos, el lugar preferido, objeto de reflexión para filósofos y estudiosos de la conducta humana.
¿Por qué? Porque a lo largo de la historia, la PLAZA PÚBLICA ha constituído el lugar común, el de la socialización, el espacio del encuentro, de la fiesta, los enjuiciamientos, el luto, el debate, los reclamos y la protesta máxima.
Pero con el fenómeno del internet, todas las PLAZAS del planeta -y que valga el juego de palabras- han sido desPLAZADAS: cambiaron de lugar. El sitio común ya no es físico, no es tangible sino que tiene su expresión en los multimedios. Es allí donde ahora los temas se producen, reproducen y distribuyen entre los públicos, creando el gran foro de la opinión pública.
Las PLAZAS han sido deshabitadas pero no han quedado en silencio, tienen un eco planetario en la red, se han diseminado y multiplicado.
La pandemia 2020 nos ha obligado taxativamente a abandonar las PLAZAS, con su entidad de lugar absoluto del encuentro real.
Tal vez, cuando recobremos la salud colectiva, podamos valorar la diferencia entre la comunicación humana y la virtual, la que se manifiesta cara a cara, la que trasciende a las pantallas...
A propósito de la Comunicación Social, en tiempos de internet y pandemias.

Lic. Ana Claudia Simes



jueves, 23 de abril de 2020

TURISMO Y CRISIS:
LA IMPORTANCIA DE PLANIFICAR
UN ESTRATÉGICO REGRESO.


En esta cuarentena, no dejo de buscar ideas inspiradoras para el día que la Pandemia Covid-19 pase a ser aquel recuerdo que paralizó la globalización en este siglo. Pienso en Tanti y en todas las ciudades turísticas de la zona, que deberán reposicionar un destino y reavivar una actividad que será una de las mas difíciles de reactivar. Busco conceptos, experiencias y definiciones de los especialistas en turismo y comunicación.

Alba María Martínez Sala(*), me sugiere en sus escritos:
"El caso de Nueva York es sin lugar a dudas el caso de Marca turística de mayor éxito de la historia. Su popular logotipo, en el que la silueta de un corazón sustituye la palabra “love" (amor), vio la luz en 1977 para promocionar el turismo en la Gran Manzana a finales de los setenta en función del valor más poderoso: el AMOR. Tras los atentados del 11S y a la espera de un esperado descenso del turismo, Nueva York alentó a sus ciudadanos, una vez más, a amar a Nueva York más que nunca. Esto conllevó a una adaptación del logotipo que reforzaba el valor principal de la marca: AMOR. Así, el mítico eslogan se convirtió en “
I love NY more than ever". Amo a NY más que nunca".

ASI VOLVIERON AL RUEDO.
HABRÁ QUE TOMAR NOTAS Y COMENZAR A PLANIFICAR UN ESTRATÉGICO REGRESO.

(*)Alba María Martínez Sala
Doctora en Ciencias de la Información, Publicidad y Relaciones Públicas. Docente investigadora de la Universidad de Alicante. Fuente: ¿Cómo superar una crisis en el sector turístico? Colección de Comunicación Estratégica 2019.