sábado, 7 de septiembre de 2013

Paseos por el Valle


HOTEL EDÉN: EL INICIO DE UNA CIUDAD TURÍSTICA

Vamos hoy hacia el norte del Valle de Punilla, en búsqueda del Hotel Edén, una de las arquitecturas emblemáticas del siglo XIX, donde la historia ha sido resguardada para poder seguir siendo narrada. Sin lugar a dudas se trata de uno de los paseos predilectos de los turistas que eligen Córdoba, por su conexión directa con la historia y la cultura local. Fue por entonces un proyecto de vanguardia, con inspiración y capitales extranjeros, que marcó el inicio como pueblo de la actual ciudad de La Falda.

Cuenta la historia que en 1897, Roberto Bahlcke, un empresario y oficial del ejército alemán, adquirió 900 hectáreas de la por entonces llamada “Estancia La Falda de la Higuera”, en el norte del Valle de Punilla, para construir un hotel con todo el lujo y confort de la época. La vía de comunicación más cercana, la estación del ferrocarril, llegaba sólo hasta la aledaña zona de Casa Grande y Huerta Grande, lo que llevó a Bahlcke a comprar más terrenos circundantes a las vías para construir edificaciones para recibir a los pasajeros, proyectando poder comunicar el hotel con las vías directamente.

Para poner en marcha el emprendimiento se formó, vía créditos, una Sociedad Comandita por Acciones con el fin de capitalizar esta firma denominada “Estancia La Falda y Edén Hotel”. En 1898 se estrenara la primera página del álbum de pasajeros del Edén Hotel, quedando así inaugurada la que podría definirse como su primera temporada turística. Familias de la aristocracia argentina como los Martínez de Hoz, Tornquist, Bianchi, Roca, Bunge, Anchorena, Blaquier, Peralta Ramos, entre otras tantas, comenzaron a frecuentar al establecimiento.
Comodidades y servicios: a todo lujo!
En 1898, ya contaba la obra con dos plantas, salones amplios, 100 habitaciones y sólo 4 baños por planta. Las remodelaciones de años posteriores llevaron a que el edificio contara con 38 baños, un salón comedor para 250 personas y un comedor auxiliar para niños y personal doméstico, un salón para fiestas, sala de lectura, dos jardines de invierno, bar, galería cubierta y dos balcones desde los que se apreciaba el parque donde se exhibe una fuente de mármol con una estatua de león a cada lado y los miles de árboles traídos desde Europa. Contaba con usina eléctrica propia, calefacción central, talleres, quinta y corrales para el abastecimiento y procesado de todos los alimentos que se consumían. También poseía caballerizas que aprovisionaban los animales para las cabalgatas y "cacería del zorro". En sus terrenos se emplazaba un campo de golf de 18 hoyos, una pileta de natación con aguas renovadas por una vertiente, canchas de tenis y hasta una dependencia bancaria. 

   
  Su mobiliario y vajilla fueron traídos desde Europa, respondiendo a las pautas del art nouveau. Se caracterizaba por sus grandes bailes donde se vestía de rigurosa etiqueta durante todas las noches de la temporada y donde se danzaba al compás de orquestas de renombre. El Edén contaba con un generador de luz eléctrica, máquinas para la fabricación de hielo y cremas heladas. Hacia el año 1905 los accionistas decidieron por unanimidad la disolución y liquidación de la sociedad, al parecer porque las ganancias no fueron las esperadas.      


El loteo de “La Estancia y el Edén”
Hacia 1911, de acuerdo a las crónicas de la época, las ganancias que arrojaba el negocio Edén Hotel eran insuficientes. Por esta razón, nació la idea de lotear la Estancia para poder responder las deudas contraídas, dando comienzo a un continuo loteo, que con el tiempo daría origen a la ciudad de La Falda. Los años dorados para este hotel transcurrieron mientras Europa comenzaba a sufría los embates de la guerra. Entonces, la aristocracia argentina comenzó a buscar nuevos destinos y miró hacia el interior.  Descubrió así que en las sierras cordobesas había un lugar para vacacionar con servicios de categoría durante largas estadías. Hacia 1934 alrededor del Hotel había surgido un poblado que ya contaba con municipio propio, instituciones públicas y numerosos comercios. Por sus instalaciones pasaron presidentes argentinos, gobernadores y figuras ilustres como el poeta nicaragüense Rubén Darío, el Príncipe de Gales, el Duque de Savoia, el científico Albert Einstein, Berta Singerman, Hugo del Carril, Zuli Moreno, entre otros tantos.  

Apenas unas semanas antes de la rendición de Alemania en 1945, Argentina resuelve declarar la guerra al eje. El hotel fue incautado a los hermanos Eichhorn, quienes mantenían una relación estrecha con el régimen de Hitler y el gobierno lo transformó en una prisión de lujo para miembros del cuerpo diplomático japonés. Dos años más tarde, el gobierno de Juan Domingo Perón devolvió el hotel a sus dueños.
1965: la última temporada

Nuestro país comenzó a vivir el proceso de una serie de cambios sociales que marcó de allí en más la realidad social argentina. Aparecen los sindicatos y el turismo también girará entorno a las colonias de vacaciones. Por su parte, la alta sociedad encontrará otros rumbos turísticos a lo largo del mundo. Los ancianos hermanos Eichhorn decidieron, luego de 35 años, vender el Edén Hotel a una firma privada nacional conocida como las “Tres K” conformada por los empresarios Emilio Kartulovich, Constantino Kamburis y Ascher Kutscher. Esta firma  contrajo una deuda con La Franco Argentina Capitalizaciones S.A. Esta hipoteca no pudo cancelarse y llevó al edificio a remate en el año 1953, donde fue adquirido por una firma denominada CIFA SRL. Posteriormente, en 1964, ésta última lo vendió a María Teresa Luján Carbones de Autillo, quien lo compró para la firma en formación, “Hoteles y Parques Edén SA”. Bajo esta denominación, el hotel abrió sus puertas por última vez la temporada de 1965. Durante los años setenta y ochenta el edificio fue condenado al abandono y deterioro, sufriendo continuos saqueos y destrozos. Recién en 1988 al Edén Hotel fue declarado Monumento Histórico Municipal y un año más tarde de Interés Provincial. Las instalaciones sufrieron la usurpación y el abandono. La deuda de impuestos municipales lo llevaron nuevamente a remate público el 16 de diciembre de 1998.



Finalmente en el año  2006, una iniciativa privada local tuvo la idea de licitar el edificio para reacondicionarlo y devolverle protagonismo. Hoy, una sociedad anónima está recuperando este lugar, sujeto a visitas guiadas, museos en sus instalaciones, parques temáticos, espacios de recreación, espectáculos de primer nivel y grandes fiestas, en aquellos salones que aún archivan celosamente el alma de una comunidad.


Sus ribetes arquitectónicos denotan la nostalgia de una época que proyectó a una región como zona turística,  rodeada de las bonanzas de las Sierras de Córdoba y destinada a ser la estadía ideal para aquellos que disfrutan de los lugares con identidad e historia sin igual.
Fotos y texto: Ana Claudia Simes



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